Los Mudos

La narrativa que nosescucha…

Archive for the ‘Medios y Enteros’ Category

En la Ñ tam(bien)

Posted by Funes en Lunes, julio, 2, 2007

Diego Erlan en la Revista Ñ,
sección “Flora y Fauna”
del 9 de junio de 2007

La lectura espectáculo

La primera vez que Allen Ginsberg leyó su poema Aullido (Anagrama) fue en octubre de 1955 en la galería Six de San Francisco. “Vi las mejores mentes de mi generación destruídas por la locura, hambrientas histéricas desnudas”, recitaba Ginsberg. Desde el fondo Jack Kerouac lo incitaba con un grito, algunos espectadores lloraban y Ginsberg ganaba confianza: “¡Moloch! ¡Soledad! ¡Inmundicia! ¡Ceniceros y dólares inalcanzables!”. Al final, un auditorio atónito. Linda imagen.
Sentado en el primer banco de la Iglesia de los Marineros Finlandeses (San Juan al 200), Fernando Noy, anteojos oscuros, un pedacito de chocolate en la comisura de sus labios, dice que el noventa por ciento de las lecturas que hay en Buenos Aires son “un aburrimiento total”. Es sábado, estamos en la tercera noche del festival de poesía Salida al Mar y entre la mesa de billar del fondo y la improvisada barra de cerveza y vino circulan Juan Desiderio, Rodolfo Edwards, Daniel Durand, Marina Mariasch y Diana Bellessi, entre tantos otros. Después, Juana Bignozzi se suma a la discusión en torno de las lecturas: “Hay códigos. –dice– Es respetuoso que el autor presente algo inédito. Y hay que leer cada tanto , no cada quince días. En la ciudad tenemos lecturas todas las semanas, no sé cómo hacen”, dice ella mientras Noy le entrega un chocolate. “Algunos escritores –se escucha– tienen la manía de agacharse, de leer entre dientes”. Bignozzi asiente y continúa: “No puede leerse ni un poema muy corto, ni uno muy largo. La desmesura tampoco sirve”. ¿Y qué pasa cuando la lectura se convierte en una performance? Noy dice: “Ahí se introducen otras técnicas”. Uno de los ciclos que permite ese juego entre autor y público es Confesionario, en el C. C. Rojas, donde se convoca a los artistas (escritores, músicos, bloggers, etc.) para hablar sobre su vida privada. Cecilia Szperling, su coordinadora, dice por e-mail que los escritores utilizan métodos diferentes: “Federico Jeanmaire improvisó en base a sus relatos y usó su candor para hablar de la infancia. Martín Kohan explicó que su texto sólo era para ser leído, no aceptó formar parte del libro (Libros del Rojas, 2006) y al terminar rompió las hojas.” Hay muchos –dice Szperling– que tienen, quizá sin saberlo, recursos de café concert, pero en otros, la situación activa algo interesante, que es un temblor y un tartamudeo, “esos nervios los adoro”, dice ella.
Otros, sin dudarlo, hablan de show. Es el caso de Funes (seudónimo de Lucas Oliveira), quien organiza el ciclo Los Mudos (miércoles 11 de julio a las 22 hs en Perón 3615 – pasamos chivo de la nueva fecha que no fue la publicada en esta nota por ser anterior): “Quiero contagiar a otros narradores y gestores culturales para que las lecturas de narrativa y poesía no sean un embole. Que se copien un poco de los performers y que los asistentes no sean sólo los intelectuales sino también público en general. Mi objetivo es Doña Rosa”, dice. Ambicioso. En las lecturas, cada autor suele tener su “hinchada“. Juana Bignozzi habla del “grupito del autor, esos que esperan a que lea y cuando termina se van, sin escuchar a los demás escritores de la mesa”. “Eso es típico de mediocres”, añade Noy. Ambos están de acuerdo que el mundo poético necesita más solidaridad. “Los autores tienen que escuchar a sus colegas, y no irse como si fueran estrellas.” Después Noy se queda en silencio y luego, en una performance que parece cotidiana, dice que el verdadero aplauso del poeta es dejar mudo al público: “Esa es la ovación del silencio”.

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En Página NO

Posted by Funes en Jueves, junio, 28, 2007

Por Julia González

“Tertulia: reunión informal y periódica de gente (generalmente intelectual) interesada en una rama concreta del arte, donde se debate, se comparten ideas y opiniones”, define Wikipedia. Hoy existe otra clase de tertulias, ya sin ese tinte elitista. En la época de nuestras abuelas, en el plano de la poesía, las reuniones eran puertas adentro. Los poetas se juntaban en la casa de alguno y se entregaban a una orgía letrada entre escritos propios y ajenos. Hoy parece que la necesidad de ser escuchados es más grande, ya que estos encuentros no son cerrados sino públicos. Las lecturas se volvieron populares y encima vienen con un bonus track: las acompaña el rock. Quienes escriben deambulan entre nosotros, aunque aún exista esa idea implícita de que los escritores son viejos.

 

Lo que pasa es que las editoriales son a los escritores lo que las discográficas al rock: eligen a los grandes consagrados para publicitarse. Sin embargo, el NO estuvo de recorrida por varios ciclos que fusionan las lecturas (poesía, narrativa) con el rock, y vio que los escritores también son jóvenes, que escriben (y bien), que editan y publican y arman sus propias tertulias. Existe un mundo oculto detrás de puertas que pueden ser clandestinas, sótanos con olor a humedad o pasillos que conducen al círculo de las letras. La foto repetida de cada encuentro es la de los escritores que se conocen, se saludan, fuman un porro, saben cuál es la prosa de cada uno, intercambian libros y se solidarizan con la lectura del otro.

Vino a Los Mudos y anotó

En el Conventillo de Teodoro, Perón y Mario Bravo, el ambiente es más distendido que en las anteriores lecturas, porque el encuentro que ofrece el grupo de poesía Los Mudos se enfoca en el humor. Al menos el encargado de conducir la velada, un tal Funes (personaje de saco y corbata), anima a los oyentes con una verborragia infernal. A su derecha está Facundo Palazzolo, que toca la guitarra eléctrica y se encargará del soundtrack de la noche, acompañado por una consola que llenará el ambiente con un colchón sonoro. De esta forma, habrá música en vivo hasta que el último abandone el conventillo. Es posible que la mayoría de los asistentes de Los Mudos sea escritor, no obstante Pedro Mairal es el que sobresale.

 

En los intervalos de las lecturas, Funes volverá a la carga con su papel de showman y subastará, entre otras cosas, la contraseña de un blog que dice que lo aburrió. También subastará la novela Ninguna Parte de Ricardo Romero (que pertenece al grupo de narrativa El Quinteto de la Muerte) y avisa que se vende en las librerías a 30 pesos. “Philip Roth escribe como el culo y sale 52 pesos. Decime otro que escriba como el culo, Pedro”, y Mairal, rápido, le responde desde su chopp: “Mairal”. Todos se ríen. Luego rifan cinco CDs de diferentes bandas que Funes mismo grabó, donde además agregó una poesía de algún autor que se encontraba entre el público.

 

Hacia el final, Juan Diego Incardona lee su cuento El Orejudo, una ficción del caso policial el Petiso Orejudo. El escritor mete misterio y horror mediante una lectura acorde con las exigencias de su prosa. Incardona mantuvo cincuenta minutos al público aterrado y expectante.

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